Antígua Cofradía de San Mateo



San Mateo tuvo su cofradía. De esta cofradía hay noticias desde el siglo XVII, porque una señora deja una manda en su testamento para, que del fruto de unas olivas, se use para esta Cofradía.

   Pedro Rodríguez López “El Pintao” desde niño fue cofrade y hasta el año 1.965 hermano honorario de dicha Cofradía. Como tal, su cometido consistía en organizar reuniones, realizar compras (velas, flores…) restaurar las banderas cuando se estropeaban: una era roja, muy antigua, y otra de color azul más nueva y que fue bordada por las mojas. Como menester no menos importante, Pedro solía pedir donativos en los grandes cortijos con el fin de recaudar algunas pesetas y sufragar así en parte los gastos que tenía la Cofradía, ya que como era fácil de adivinar las aportaciones de las cuotas de los hermanos resultaban en esos tiempos insuficientes.

La entrega, la devoción que Pedro Rodríguez sentía por San Mateo era tal, que incluso en Semana Santa llamaba a los cofrades y a los portadores de uno en uno, si era necesario, para que no se durmieran en la madrugada del Viernes Santo.

Al igual que ocurre hoy en día, en la Cofradía se llevaba a cabo cada año la “muda del arca”, que consistía igualmente en el traslado del arca a casa del nuevo hermano mayor.

En Semana Santa los penitentes iban vestidos con túnica morada, capirote y con cíngulo y borlones dorados. Francisco Sabariego Barragán, uno de los antiguos hermanos de la hoy en día desaparecida Cofradía y que aún vive, cuenta que se vistió de penitente por última vez en el año 1.959, que después se fue de Baños y nunca más volvió a vestirse, pero que todavía conserva su apreciada y querida túnica.

Otro hermano, Diego Muñoz-Cobo, cuenta que en 1948 o 49, con 4 ó 5 años, en época de D. Manuel Álvarez Tendero, fue Hermano Mayor y recuerda tener el arca en casa de sus padres, en la plaza y cómo para ese año le tuvieron que hacer un cetro a su medida y salir ese y otros años en las procesiones. Luego se tuvo que ir fuera a estudiar y ya fueron un montón de años sin poder venir a Baños. Su hermano Luís, hermano del Santísimo, murió en 1957, con 17 años En su entierro, el día 6 de abril, Pedro sacó las banderas de San Mateo y las colocó en la fachada de la casa y acompañaron el entierro hasta la esquina de los Molinos, que se despedía el duelo. (En la foto se ve a Pedro abajo a la derecha y a unos chiquillos que le llevan la bandera).

Las banderas de San Mateo siempre iban presidiendo las procesiones y su imagen era la primera en salir.

El Viernes Santo, en el Desenclavamiento, cuando se elevaba al Señor, Pedro Rodríguez inclinaba las banderas en reverencia, en la procesión que seguía a continuación se doblaban en señal de duelo.

El Domingo de Resurrección, las banderas salían nuevamente a la calle, no así la imagen, y en El Carril se colocaban justo donde debían de juntarse las imágenes de la Virgen y de Cristo Resucitado en el anhelado y vitoreado “Abrazo”.
   
En la Fiesta de los Esclavos, la imagen de la Virgen de la Encina era trasladada a Baños para salir en procesión, ya que todo el año permanecía en su Santuario. El 21 de septiembre, en la procesión que tenía lugar ese día. Después de recorrer nuestras calles, San Mateo, la Virgen de la Encina era llevada a las afueras del pueblo para que regresara a su ermita, en este trayecto iba acompañada de la imagen de San Mateo quien, un vez “despedido” de su Señora, volvía a su parroquia. Finalmente la banda de música terminaba su trabajo acompañando a Pedro a su casa, donde todos los presentes eran invitados generosamente mientras se organizaba un pequeño baile.

Ana Ortiz Rodriguez